Sábado, 03 de enero de 2015

La palabra hórreo procede de la latina “horreum”que significa granero, silo, almacén. Desde los tiempos del Imperio Romano, Ovidio, Vadrón, Vitrubio, Columela nos dan noticia- según nos cuentan los que tuvieron el humor de leerlos-de la existencia y buenas propiedades de los graneros sobre columnas en las regiones húmedas.

Es, no obstante, a partir del siglo XVI cuando se empieza a definir el hórreo como construcción característica del Noroeste de la Península Ibérica y más concretamente de Galicia y Asturias, aunque también existen en menor número, en León, Santander, Vizcaya y Navarra. También los hay en el Norte de Portugal y son llamados “espigueiros” Actualmente la forma más fiel y sencilla de representar a Galicia y Asturias, es sin duda, con la jocunda estampa de sus graneros.

Las características generales de su construcción son: el situarse cerca pero independiente de la casa, y el colocarse sobre columnas. Hay diferencias notables entre el hórreo gallego y el asturiano: en su forma, materiales empleados en su construcción e incluso fines a qué se destina.

El hórreo asturiano es de planta cuadrada, como una casita, con tejado a cuatro aguas. Está construído enteramente de madera, (preferentemente de castaño) salvo la cubrición (pizarra, teja o paja) y las “muelas” o “roteiras”, gruesas pizarras redondas o cuadradas situadas entre los “pegollos” y el armazón para impedir el paso de roedores y sabandijas. A veces se divide en compartimentos y en él se conservan las carnes y los embutidos, los quesos, el trigo, la avena, las habas, las manzanas y otros frutos, etc. El maíz lo enristran y lo cuelgan a secar en el exterior donde también se colocan las calabazas para semilla.

Está construido en piezas que se ensamblan entre si perfectamente, sin necesidad de clavos, pernos ni abrazaderas, de tal suerte que se puede desarmar y transportar a otro lugar, del mismo modo que las modernas viviendas prefabricadas. Ello da pie a algunos autores, considerando el sistema extensible a la casa habitación, para pensar si estaremos ante el vestigio, de rara perfección, de una primitiva agricultura trashumante.

Algunos hórreos están decorados con tallas y calados dibujos geométricos que hacen de ventilas y el vértice de su tejado suele adornarse con una perilla de piedra. El espacio inferior se utiliza para guardar el carro, y si se cierra de pared, lapas o tablas, se convierte en bodega, cuadra, gallinero, pajar o incluso vivienda.

Cuando la posición económica de su propietario lo permite, o la fecunda hacienda lo exige, el hórreo toma planta rectangular y entonces se apoya en seis, ocho hasta diez “pegollos”; llamase entonces “panera”, no variando en absoluto su destino.

Hay censadas en Asturias hasta veinte mil construcciones de este tipo. El hórreo asturiano rebasa sus fronteras y en tierras gallegas se interna por zonas montañosas: Fonsagrada, Navia de Suarna, Piedrafita, y el valle medio del Eo, en donde puede verse, conviviendo en gracioso maridaje, en el mismo caserío, con el hórreo gallego.

Tal es el caso curioso del hórreo asturiano más cercano a Ribadeo, que se conserva en el arcaico caserío de Pita, de mi buen amigo Jesús Rodríguez Ourol, situado en el lugar de Portobragán, Remourelle, a pocos metros del fantástico mirador desde el que se divisan las blanquísimas villas de Foz y Burela internándose en el Cantábrico.

El hórreo gallego, generalmente llamado “cabazo” o “cabozo” es de estrecha planta rectangular y suele estar construido de piedra, firmemente cimentado en dos paredes, prolongación de sus cabeceras que le sirven de pies. Cuando sus paramentos están caleados, suelen decorarse con sencillos dibujos geométricos pintados de añil y encarnado. Se usa exclusivamente para secar el maíz que se amontona en su interior. Al contrario que el asturiano, tiene una grandísima variedad de dimensiones y formas, según el capricho y volumen de cosecha de su propietario, siendo difícil encontrar dos de las mismas medidas. Su cubrición, a dos aguas, de pizarra o teja, suele estar coronada en sus cumbreras por perillones de adorno o por la Vera Cruz, lo que a dado origen a que, ingenuos viajeros sajones de antaño, nos catalogaran como extraordinariamente dados a las prácticas religiosas ya que “teníamos una capilla en cada casa”



 

 

El hórreo gallego es arrogante, esbelto, señorial. Junto a la casa es torreón de orgullosa independencia, celoso guardián de su tesoro. Cuando abre su compás, enmarcando el camino, da cobijo al horizonte bajo su altivo dintel. Asentado en las colinas es vigía de sendas, pastor de valles, cuño inconfundible de estampas. No ha construido el hombre, desde los albores de la Creación, una edificación más airosa.Las sofisticadas agujas de las catedrales empalidecen junto al sencillo y noble cabazo. Aún corriendo el riesgo de ser tachado de apasionado he de afirmar que, arquitectónicamente, no existe más posibilidad de sacar más bizarría a tan pocas lineas.

El hórreo gallego transpone sus fronteras y, en tierna gallarda conquista, se enseñorea por tierras leonesas y portuguesas, y por la ubérrima Marina, y en las riveras del Navia, en Asturias.

Si existe hasta una docena de variantes, en tierras de Ribadeo están, en mi modesta opinión, algunos de los hórreos más hermosos de nuestra región. Predominan dos tipos de construcción: los que son enteramente de piedra con numerosas aspilleras para su ventilación, y que suelen estar cerrados formando bodega o cuadra en su parte inferior, y los que tienen sus paramentos laterales formados por estrechas tablas de castaño, más modernos y de mejor ventilación-al parecer- que los anteriores.

Incluso, en su casco urbano, Ribadeo cuenta todavía, como muestra de una de sus constantes actividades-agro, mar, comercio-que forman su mixtura, con algunos hórreos. Desaparecido recientemente el que existía tras la casona de las Cuatro Calles, (hoy Caja de Ahorros de Galicia) en pleno corazón de la Villa nos quedan: el del Moreno (detrás de la casa BibíGuiño, el del Horno (precioso ejemplar de aspilleras, de tres plantas, fechado en 1.882), los dos del Raxao y del de Pucha (junto a la Torre de Sierra Pambley), el de la Hucha (frente al Mercado) y los del Zacurro y el Leal en la Alza.

 

 * Raxao

En las cercanías de Ribadeo- en El Jardín concretamente- un monumental hórreo de aspilleras, ya desaparecido, fue dedicado durante muchos años a la más preciosa ocupación que pueda tener construcción alguna: casa habitación. Y puedo afirmar, y jurar incluso, que la buena estrella acompañará siempre al que tuviere la fortuna de nacer en uno de estos mágicos recintos.

* En Ove.

 

Juan Carlos en su artículo nos habla de los hórreos y merece la pena descubrirlos paseando.

En Ribadeo aún quedan los que fueron del Raxao, el que está al lado del Horno de Jimena y que da a Calvo Sotelo, en el Alza los del Zacurro (en el hotel que lleva ese nombre)... pero luego uno puede seguir por la Lodeira y seguir disfrutando de la presencia de estas construcciones singulares, por Villaselán, por Piñeira, por Ove, Vilela, Covelas... en todas nuestras parroquias distintos y preciosos, llenos de detalles singulares.

 

 


Publicado por a333 @ 11:15  | POR RIBADEO
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